Un día con Huskies

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Nuestra guía española y chica en prácticas, Ester, se inspiró para escribir acerca de “Un día con Huskies”

Me encanta siempre que lo hago y no es algo que cueste imaginar, pues no todos los días puedes ser un musher!

Hace unos días estuve en una granja de Huskies. No era mi primera vez, pero siempre es cómo si lo fuese. Cuándo empiezas a acercarte al centro de la granja puedes ver docenas de perros, saltando y ladrando nerviosos al ver a los visitantes. Es comprensible, porque saben que eso significa que van a poder correr, y eso es para lo que viven: adoran correr en la nieve, como si fuesen lobos.

Musher - Conductor de trineo tirado por perros sobre nieve.
Musher - Conductor de trineo tirado por perros sobre nieve.

Es difícil mantenerse tranquilo cuando los guías explican las intrucciones de seguridad, ya que escuchas los ladridos constantes a tu alrededor, pero por encima de todo, tú estás tan nervioso como ellos! Recuerdo cuándo estuve por primera vez y escuchaba a algunas personas comentar “No puedo hacerlo, qué difícil parece! Seguro que me caigo!” . Si me permites un consejo, ni siquiera pienses en ello. Cualquiera que siga las instrucciones de seguridad puede hacerlo (tal vez no puedes participar en una carrera de 500km, cierto, pero seguro que puedes conducir el trineo sin problemas en uno de los safaris con guía).

Tras eso, el tiempo empieza a volar a tu alrededor, porque empieza la aventura! Te colocas en un trineo de seis perros, mientros ellos  saltan e intentan correr, y cuándo todo el mundo está listo, la magia empieza.  Desatan el trineo y en un abrir y cerrar de ojos  estás en medio de un camino de nieve conduciendo el equipo perruno.
Es increíble cómo en un segundo los ladridos constantes se transforman en silencio absoluto. Si los perros no te hipnotizan por completo deberías echar un vistazo a tu alrededor. El paisaje y el escenario te transportan a otro mundo, dónde todo parece haberse quedado estancado en un tiempo pasado. Naturaleza virgen sin rasgos de asentamientos humanos, sólo nieve y árboles rodeádote, y dónde el único sonido que te acompaña es el del trineo sobre la nieve.

Trineo de Huskies
Trineo de Huskies en Laponia


Y es entonces, durante tu trance personal, cuando paras en un lugar idílico en medio del bosque. Sólo cuando el olor de la comida recién hecha llega a ti te das cuenta del hambre que tenías! Ahora es el momento de relajarse y dejar descansar a los perros: es la hora de comer! Tal vez me guste demasiado comer, pero la comida estaba deliciosa! Un plato muy típico finés de albóndigas de alce y patatas con una salsa cremosa, y al final, un postre dulce de bayas recolectadas en los bosques de alrededor. La chimenea central del comedor, como en las “Kotas” o cabañas laponas, crean una atmósfera cálida y agradable, el lugar perfecto para relajarse (o tal vez una siesta!).

Chimenea central en las “Kotas” o Cabañas laponas
Chimenea central en las “Kotas” o Cabañas laponas


Después de este tiempo de descanso llega el momento de volver a ponerse en la piel del musher. Yo siempre comparto unos minutos con los perros de mi trineo antes de volver a empezar, me gusta saber que están bien y preparados para correr de nuevo. Además siempre están dispuestos a recibir mimos y caricias! Y entonces, una vez más, te ves en medio de la impresionante naturaleza lapona con sólo tus perros y el silencio como única compañia.
Cuándo el safari termina no puedes creer que has estado conduciendo durante horas. De lo que realmente tienes ganas es de quedarte en el trineo y atravesar la naturaleza hasta que tu cueprpo te diga “basta”. Pero para los amantes de los animales como yo, ésta es tal vez la mejor parte: ahora puedes acaricias y abrazar a todos y cada uno de los perros ! En esta granja había unos 200 huskies, así que obviamente me fue imposible acariciarlos a todos, pero aún así puede abrazar y jugar con muchos, muchos perros, incluso con un par de cachorritos preciosos y juguetones!

Granja de Huskies
Granja de Huskies


Cuándo llega el momento de volver a casa siempre tengo el impulso de ir a suplicarle al dueño que me deje vivir ahí, con los perros, incluso si suena ridículo (aunque tal vez es por eso que al final nunca le pregunto). Pero incluso si sé que no puedo quedarme ahí para siempre, hay algo de lo que nunca tengo dudas: Volveré, tarde o temprano, y podré disfrutar de la aventura como si fuese mi primera vez de nuevo.
Ester

 

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